¡No os sonriáis, señores¡ No se sonreía nadie; pero, ¡era tal la costumbre que el profesor tenía de ver sonreír a todo el mundo durante sus sabias disertaciones¡ -Si -prosiguió, animándose de nuevo-; se trata de un hombre fósil y contemporáneo de los mastodontes cuyas osamentas llenan este anfiteatro